Exposición “Agapito Marazuela y las milicias segovianas”
Una muestra cuyo valor reside en la novedad que aportan sus fotografías, muchas de la cuales ven la luz por primera vez gracias a la labor ‘arqueológica’ del investigador segoviano Aku Estebaranz
Museo Municipal _ Sala María Manrique _ 18.30 h. _ Horarios visitas: mañanas de 11.00 h. a 13.00 h. y tardes de 17.00 h. a 19.00 h., de miércoles a domingo. Clausura: 14/12/2025.
Comisariada por Aku Estebaranz, la exposición muestra un puñado de fotografías, la mayoría inéditas, que se conservan en el CDMH de Salamanca. En cuatro de ellas aparece un joven Marazuela, integrante de las Milicias Antifascistas Segovianas en el Madrid de la Guerra Civil.
Una muestra cuyo valor reside en la novedad que aportan sus fotografías, muchas de la cuales ven la luz por primera vez gracias a la labor ‘arqueológica’ del investigador segoviano Aku Estebaranz, que las ha rescatado del Centro Documental de la Memoria Histórica (CDMH), con sede en Salamanca. En ellas puede verse a un Agapito Marazuela que aún no ha cumplido los cincuenta años enrolado en las Milicias Antifascistas Segovianas.
Agapito Marazuela Albornos (1891-1983) es el mayor exponente del folklore castellano. Al margen de sus dotes como guitarrista y dulzainero, en su juventud recorrió los pueblos y aldeas castellanas para recopilar canciones tradicionales. En 1932, la República le concedió el II Premio Nacional de Folklore por su Cancionero de Castilla la Vieja. «Su contacto con el pueblo explica el gran sentido de la justicia social y el compromiso con los olvidados que mantuvo a lo largo de su vida», señala Aku Estebaranz, comisario de la exposición Las Milicias Segovianas y Agapito Marazuela.
El 15 de agosto de 1936, apenas un mes después del Alzamiento, un grupo de segovianos afines al Gobierno republicano se incautó del Centro Segoviano de Madrid, situado en la calle Mayor. El centro era el punto de encuentro para muchos segovianos que residían en la capital. Agapito Marazuela, Emiliano Barral, José Carrasco Linares y Eduardo Tuya, entre otros, formaron un comité que asumió la gestión de la entidad, pero también la organización de las Milicias Antifascistas Segovianas. «Militantes de izquierdas residentes en Madrid, junto con evadidos que habían conseguido llegar a la zona republicana, se alistaron en la única unidad militar netamente segoviana durante la Guerra Civil. Agapito, que no veía bien, asumió funciones organizativas», señala Estebaranz.
Duzaina vs. ametralladoras
En la exposición hay algunas fotografías dedicadas al folklore. Porque la dulzaina de Agapito compitió con el ruido de las ametralladoras. En una, aparece Paulino Gómez, el Tío Tocino, tocando la dulzaina junto al tamborilero Mariano Llorente. Ambos quedaron aislados en Madrid con el grupo de danzantes de Abades. Sin posibilidad de regresar a Segovia por el estallido de la contienda, participaron con Marazuela en numerosos eventos culturales organizados en la zona republicana, como el Festival de Cultura Popular celebrado en Chinchón en junio de1937.
La Guerra Civil truncó la carrera artística de Agapito, que sufrió en sus carnes la represión en los primeros años de la dictadura. Rehabilitada su memoria y labor cultural tras la muerte de Franco, murió en 1983, ya nonagenario. La Academia de Historia y Arte de San Quirce le nombró académico de mérito en 1978 en reconocimiento a su aportación, enorme, a la cultura segoviana.
FOLKLORE EN LA GUERRA
Mientras se producían los primeros compases del golpe de estado del 18 de julio, Agapito Marazuela firmaba un artículo en defensa del folklore castellano en la revista Juventud, órgano de información de las Juventudes Socialistas Unificadas. En él denuncia el estado de decadencia del folklore segoviano debido a la “música chabacana”, la inacción de las autoridades y la cercanía de Madrid, para luego exponer la gran riqueza del mismo. Agapito lo publica como miembro de la comisión de folklore de la fallida Olimpiada Cultural de Barcelona, en la que iban a intervenir un grupo de artistas segovianos.
Así, el dulzainero Paulino Gómez Llorente “Tío Tocino”, el tamborilero Mariano Llorente Herrero y el grupo de danzantes de Abades quedaron aislados en Madrid, sin posibilidad de regresar a sus pueblos. De la mano de Agapito, el grupo “Los Segovianos” llevará el folklore castellano a distintos eventos culturales organizados en la zona republicana, como sus actuaciones en el Festival de Cultura Popular, celebrado en Chinchón en junio de 1937 y ante los heridos de guerra en distintos hospitales.
Aunque quizás las más famosas fueron las efectuadas como actividades culturales del Pabellón de la República en el marco de la Exposición Internacional de París de 1937, en la que Agapito Marazuela coordinó las actividades folklóricas, que le causaron muchos problemas y preocupaciones.
Como el propio Agapito contaba, realizó numerosos conciertos improvisados cuando se acercaba al frente de Carabanchel y, después de cenar con los milicianos segovianos, “sacaba tranquilamente su gaita, y el viejo instrumento celtíbero inicia un diálogo con las ametralladoras. ¡Gran verdad que la música domestica a las fieras! Marazuela, que ha consagrado su vida al bello afán de recolectar pueblo por pueblo las canciones castellanas, abandona la gaita y canta en la extraña compaña de un almirez La molinera. El enemigo escucha el improvisado concierto con la viva atención con que oye un niño un cuento de hadas.” (ABC, 24-01-1937)
Los dulzaineros segovianos actúan en el Festival de Cultura Popular. Chinchón, 12 de junio de 1937. [Ministerio de Cultura y Deporte. Centro Documental de la Memoria Histórica. FC-CAUSA_GENERAL,1821,Exp.2,110]
AGAPITO MARAZUELA, EJEMPLO DE COMPROMISO
Agapito Marazuela Albornos (Valverde del Majano, 1891 – Segovia, 1983) es reconocido como el mayor exponente del folklore castellano. Recorrió los pueblos y aldeas castellanas, principalmente de Segovia y Ávila, recopilando las canciones tradicionales. Su incansable labor fue reconocida en junio de 1932 con la concesión del II Premio Nacional de Folklore con su Cancionero de Castilla la Vieja.
Este contacto con el pueblo y su sentir hizo que Marazuela tuviera un gran sentido de la justicia social y un compromiso con los olvidados que mantuvo a lo largo de su vida. En octubre de 1930 ingresa en la Liga Nacional Laica, organización promovida, entre otros, por Luis Araquistáin y cuyo manifiesto fundacional apareció en junio de ese año. Su finalidad era alentar la libertad de conciencia y el laicismo, para contrarrestar la presión ejercida por la Iglesia, sobre todo en el ámbito rural.
En 1932 Agapito Marazuela se afilia al Partido Comunista de España, al que estará ligado toda su vida.
Participó en las Misiones Pedagógicas, impulsadas por el gobierno republicano para llevar la cultura a todos los rincones de la geografía española. En febrero de 1933 acompañó al maestro rural Pablo de Andrés Cobos en la Misión que se desarrolló en el pueblo segoviano de La Cuesta. De ese mismo año se conoce su adhesión a la Asociación de Amigos de la Unión Soviética, a la que también pertenecía su amigo Antonio Machado. La Asociación tenía como objetivo profundizar en las relaciones entre ambos países, así como dar a conocer los logros de la revolución soviética.
En enero de 1936, Agapito se afilia al Socorro Rojo Internacional (SRI), similar en cuanto a sus objetivos a la Cruz Roja, pero independiente de cualquier organización religiosa y controlado por los partidos comunistas europeos. Nace en 1934 para el auxilio de los represaliados de la Revolución de Octubre y realizó durante la guerra una gran labor asistencial.
Foto V. M. Milicianos cargan sus armas en una barricada. Sector de Carabanchel, Madrid, 8 de enero de 1937. [Ministerio de Cultura y Deporte. Centro Documental de la Memoria Histórica. 1826_0007_0001_0003]
LAS MILICIAS ANTIFASCISTAS SEGOVIANAS
El 15 de agosto de 1936, apenas un mes después del golpe de estado, un grupo de segovianos afines al gobierno republicano se incautan del Centro Segoviano en Madrid. Situado en la céntrica calle Mayor, 1, el Centro era el punto de encuentro de la colonia de segovianos residentes en la capital y organizaba numerosas actividades.
Emiliano Barral, Agapito Marazuela, José Carrasco Linares y Eduardo Tuya, entre otros, forman un Comité que se encargará de la gestión del Centro y toman la decisión, como una de sus primeras medidas, de formar y organizar las Milicias Antifascistas Segovianas. Militantes de izquierdas residentes en Madrid, junto con evadidos que han conseguido alcanzar la zona republicana, se alistan en la única unidad militar netamente segoviana durante la guerra civil. Agapito Marazuela, debido a sus limitaciones físicas (visión reducida por una meningitis infantil), se encarga de la organización, tanto del Centro Segoviano como de las Milicias.
Las Milicias Segovianas participaron, como acción de combate más importante, en la Defensa de Madrid en las duras jornadas del 7 de noviembre de 1936, cuando el ejército de Franco intentó el asalto frontal a la capital. Se desplegaron en el sector de Carabanchel, tomando como vértice el puente de Toledo. Pocos días después de repeler el ataque franquista, moría durante una visita al sector de Usera, a consecuencia de un obús, el comisario político de las Milicias, el escultor segoviano Emiliano Barral.
Alrededor de medio millar de segovianos formaron las Milicias, cuya vida fue efímera. El gobierno ordenó la creación del Ejército Popular de la República, al que se fueron incorporando paulatinamente todas las milicias de partidos, sindicatos y “provinciales”. Las Milicias Segovianas se integraron en la 42 Brigada Mixta del nuevo ejército, al mando del comandante Esteban Rovira, y permanecieron en el frente de Madrid durante toda la contienda.
Foto V. M. Agapito Marazuela junto con un numeroso grupo de milicianos segovianos. Sector de Carabanchel, Madrid, 8 de enero de 1937. [Ministerio de Cultura y Deporte. Centro Documental de la Memoria Histórica. 1826_0007_0001_0005]
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